AGÁRRATE, QUE VIENEN CURVAS

 

O CÓMO LA CURVA DE GLUCOSA AMENAZA CON JODERME EL CUMPLEAÑOS Y LAS NAVIDADES

Publicada el 14/11/2015

 

Allá por la semana 24 de embarazo (en realidad, entre la 23 y la 27 más o menos) el ginecólogo, el endocrino, la matrona o algún médico te dirá que te tienes que hacer “la curva”. Es el que se llama también Test de O’Sullivan y lo que pretende comprobar o medir cómo tu cuerpo serrano reacciona a la ingesta de azúcar, si sabe metabolizarla bien. Vamos, comprobar si has desarrollado o no Diabetes Gestacional.

Si me conoces un poco, replicarás en este punto… “pues te la tenían que haber hecho antes”. Pues sí, petarda. Nos la adelantan si hay factores de riesgo: edad (35 o superior), familiares de primer grado diabéticos, sobrepeso o antecedentes de partos con megabebés…Pero lo normal es que te hagas una en el primer trimestre y otra en la semana 24. Aunque queda a discreción y criterio del embatado de turno que repitas la prueba de marras las veces que considere oportuno.

Yo ya me había hecho la primera, y gracias a ella supe que era una chica de sangre dulce. Por eso, me hicieron la “curvita” antes. Mi endocrino, muy fan del “régimen”, me puso a dieta espartana (al menos con una temporalidad de 40 semanas, pero pudiéndose alargar hasta los 40 años, si la cosa no remite después de soltar al ocupa). Y me lleva haciendo ir a verle cada dos semanas desde el positivo, para pesarme (y regañarme), que ni las de Herbalife, vaya… Bueno, él también me toma la tensión.

El O’Sullivan es una “chuminá”. Vas al hospital en ayunas, te pinchan para ver tu nivel de glucosa en sangre así de entrada y te dan botellita con un líquido naranja “Frenadol” fresquito, que sabe algo así como a salfumán con azúcar (o eso dicen los que no tienen ni puta idea de sabores molones). A mí que me pierde el goloseo, que soy capaz de meterme un bote de kg de leche condensada del tirón…. Ni tan mal. A otras, con dietas más normales, meterse semejante cantidad de azúcar, de golpe, en ayunas y ‘preñás’… Pues no les cae tan bien y vomitan, craso error, amiga mía, porque ya no sirve la prueba y deberás regresar otro día para repetirla. El caso es que tienes que esperar quietecita una hora, ‘apotroná’ en esas comodísimas sillas, sin moverte del sitio (lo único que puedes es hacer pis, si note ves capaz de aguantar más) y te vuelven a sacar sangre.

En unos días, te dan los resultados. Los míos, como era de esperar, mal. No alarmantes, pero sí ‘regulinchis’. El valor máximo que puede dar en ambas extracciones es 140. A mí me salió 196. Osea que no me diagnosticaron diabetes directamente (lo que pasa si el valor es igual o superior a 200), así tuve derecho a ‘repesca’. Es decir, a hacerme “la Curva larga” (el SOG, la prueba de Sobrecarga Oral de Glucosa), unos días después, 7 u 8.

Me había gustado a mí la petaquilla esa de “Frenadol azucarado” y pensé que lo mismo me daba esperar una hora que tres, que es lo que dura la larga. Nada que ver.

El nuevo potingue tiene el doble de azúcar que el de la curva corta, me he informado, con el móvil, mientras esperaba -recuerda.. 3 ‘horacas’ dan para mucho- que es el equivalente a comerte 20 terrones de azúcar de una sentada- y es tan empalagoso – que te revuelve de una manera increíble. ¡Además que mi Firulais I se pone como una moto! Con lo cual el efecto lavadora estomacal aturde sobremanera. Yo me puse verde, empecé a sudar… La primera hora la llevé cual espartana… Nos pusimos a cotillear algunas mamás sobre la crueldad de las dietas y lo repugnante de la poción, mientras otra camarada echaba la pota indignamente (“ha sido solo un poquito -trataba de aducir-, señora enfermera, salga y mire que no ha sido casi nada, que puedo seguir”, todo en vano, si potas repites, no hay clemencia).

Tras el segundo pinchazo y pese a un préstamo de abanico improvisado, empecé a llevarlo muy cuesta arriba, pero mal, mal, y me empecé a emparanoiar con no vomitar ahora que había superado tan empinado tramo… sudaba, me mareaba, intentaba entretenerme, me volvía a abanicar, metía la cabeza entra las piernas -pese a la barriga-… Todo en vano. Así que, tomando el ejemplo de otra compañera de fatigas que minutos antes, pedí asilo político en las camillas (“os podéis tumbar, antes de vomitar”, nos habían advertido las amables enfermeras) y ahí reclinada y abanico en ristre, resistí hasta el tercer pinchazo y me fui recuperando. Quise volver a salir a la sala de espera entonces pero la enfermera, que era un amor de mujer- con pocas ganas de ver vomitar- me dijo que mi cara tenía un color delator y que mejor me quedaba donde estaba.

Tras mi indigno proceder y mi evidente malestar di la prueba por perdida. No debía yo de estar metabolizando muy bien si me causaba esos efectos el brebaje. Me daba angustia imaginar a mi flacucho forzando sus diminuto páncreas por mí, por mi glotonería, arriesgándome a tener un torreznillo (los bebés macrosómicos, muy grandes, tienen a menudo que ver con la diabetes gestacional y sus partos son mucho más difíciles) y a sufrir hipoglucemia (tanto hábito tienen de lidiar con la glucosa descontrolada que luego nacen y todo les sabe a poco)…

Tres días después llamé con pocas esperanzas.

¡Mis presagios derrotistas se cumplieron! y el doctor (en la seguridad social no se extienden mucho en explicaciones) me dijo que se confirmaba la diabetes gestacional, que me pasara por la consulta del endocrino para pedir cita, empezar los controles y el curso sobre alimentación en la diabetes. Cling. Fin de la conversación telefónica.

Os dejo con los valores que deberían salir. (ah, tienen que salir dos mal para que diagnostiquen diabetes, yo… pasé bien pasados los 200 en los dos últimos)

Glucosa ayunas 105
A la hora 195
A las 2 horas 165
A las 3 horas. 145

Hasta la próxima, la barriga diabética y yo… Devolvemos la conexión

Simplifico

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