DE AMOR Y DESESPERACIÓN

 

pros y contras de la maternidad

Hoy os quiero hablar de esas pequeñas cosas irritantes (pero también amorosas) que hace a día de hoy mi ‘Pancibola’.

 

Solo una ‘malamadre’ sería capaz de escribir una entrada para quejarse de su vástago, lo sé, y muy a mi pesar… Lo soy.

Pero para alabar la maternidad están los blogs de crianza, sí, esos engañabobos que te animan a procrear como si no hubiera un mañana, porque para eso eres mujer y bla, bla, bla…

Además yo “Aquí he venido a hablar de mi libro”

Las vicisitudes de mi recién estrenada maternidad

Empezaré diciendo que adoro a mi retoño, aunque sea capaz de sacarme de quicio, zarandear mi paciencia y abocarme a un cansancio extremo. Que sí, que son muy monos, muy graciosos… De visita. Esto a jornada completa es más que agotador, extenuante.

Así que por justicia, haré un balance lo más objetivo posible.

 

Detallitos que me colocan al borde de la embolia:

 

  • Jugar a hacer el bruto en el sofá, la cama…

Donde pille. Es una mezcla de la salchicha peleona y un luchador de sumo (con uno de esos disfraces globo que tanto dificultan el movimiento). Lo mismo me suelta una patada, que se cuelga de mis ‘melenorras’ para ofrecerme su puñito (gesto que se podría interpretar como: “toma, mamá, guárdame esto, que estoy liado”). Y contiene no otra cosa que un ‘puñao’ de pelos que me acaba de arrancar. (Estos temas – como la apnea maternal por exceso de énfasis lúdico- las madres de princesas no los entenderán).

  • Después se su exhibición de lucha…

Empieza con carreras de autos locos por las camas (lo de autos locos es porque va gateando, haciendo la croqueta o arrastrándose cual gusano). Son carreras frenéticas que normalmente acaban en ‘cosco’ ya sea contra la pared, o estampado contra el suelo (y van dos veces que el luchador besa la lona, con su consecuente ‘chichonazo’).

  • Desde que ve Masha y el Oso…

Le ha dado por intentar saltar en la cama, cosa que rara vez logra -y de hacerlo es un rebote ‘culonar’- todo sea dicho. Así que suele aterrizar sobre su maltrecha madre y encima quejarse (tendrá valor, si se acaba de tirar encima mía, pero claro con mi escasez de chicha… Debe ser como caer sobre la vía del tren).

  • Toquetear la lavadora…

 Por más que se lo digo… Echo de menos los tiempos -no tan lejanos- en los que le asustaba el centrifugado, ‘ains’, qué tiempos tan felices. Cuando no había tacatá con el que destrozarme los tobillos, ni con el que alcanzar a la lavadora.

  • Se agarra a mis pantalones, faldas, vestidos…

Con los vestidos no hay mayor problema, pero los pantalones y faldas me suelen estar grandes, así que os podéis hacer una idea del resultado. Porque no solo se agarra, tira el condenado.

  • Ni un CSI del pañal es tan meticuloso con el análisis de evidencia

Resulta que ahora mi niño, se ha vuelto un minucioso científico que todo investiga. Y lo que llama poderosamente su atención, son esas bolitas que aparecen mediante brujería en el pañal. (Aún no entiende que sale de él, ese día será memorable).

    • Ya metidos en materia escatológica

He descubierto que a mi hombrecito, lo que le gusta, pero le gusta de verdad, es hacer ‘la chorrimanguera’ en el momento menos oportuno. Me explico. Cuando tengo toda la ropita dispuesta y preparada para adecentar a mi ‘monete’, resulta que le entran unas irrefrenables ganas de mearse en todo lo que pueda, incluída -por supuesto- yo.

  • El lanzamiento de juguetes puntiagudos o especialmente duros.

En ese apartado incluyo desde bloques de madera hasta coches de metal. Me pone negra. Entiendo que a esta edad está cautivado con su recientemente estrenada habilidad lanzadora (que siendo sincera es más que aceptable), pero jolín, es que a veces tira a dar.

 

Detallitos que hacen que muera de amor:

 

  • Cuando me mira…

 Y con una sonrisa me señala diciendo: “mamá”. No hace falta que os diga lo ‘hipermegadorable’ que es.

  • Cuando me hace una carantoña…

Me acaricia o cualquier gesto amoroso, algo espontáneo que nace de él, fruto de su afecto.

  • Ver cómo se va haciendo mayor

(Aunque también me entristece darme cuenta de lo deprisa que crece), cómo cada día controla mejor lo de dar pasitos en su tacatá, como se acerca y me achucha… Ains, me lo comería.

 

Es que son tantas…

 

Que lo que iba a ser una catarsis liberadora, se va a convertir en una entrada empalagosa.

Hasta la próxima, mi pequeño testador de paciencia y su desquiciada madre devuelven la conexión

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Lianchio Discahogar
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Jejejeje pues no te creas que cuando crezca los amagos de embolia van a menos!! Animo, esto es así, una montaña rusa pero de la que no queremos bajarnos!

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