DE BOLSILLOS Y NATURALEZA

de bolsillos y naturaleza

 

Hoy os hablaré de las cosas curiosas que aparecen en los bolsillos de mi ‘Pancibola’.

Creo que ya os he hablado de la cantidad de cosas raras que me encuentro en los bolsillos de Pablete cuando los reviso antes de la colada. De las veces que intenta bajarse galletas e incluso en una ocasión una mandarina escondida en el bolsillo del pantalón. Así que os contaré lo último que apareció en el bolsillo de mi niño.

Para poneros en situación, son las 14:50 de un día de diario cualquiera. Bajo a buscar a mi gordi a la guarde. Después de los abrazos, miradas cómplices, besos y mimitos varios. Mientras empieza a contarme las mil y una aventuras que ha vivido con sus ‘complicoles’. Toca abrigar al renacuajo.

Cojo su abrigo y cuando se lo empiezo a poner, inevitablemente, algo frena uno de sus brazos. ¡El gorro y la bufanda!. A estas alturas ya debí haberme acostumbrado, pero me sigo sorprendiendo cada vez que me lo encuentro metido en la manga.

Cuando ya está totalmente equipado y nos disponemos a salir por la puerta, se mete las manos en los bolsillos (sí, amigos, parece un ‘viejales’ todo el santo día con las manos en los bolsillos) y cuando estamos llegando a casa se saca un ‘regalo’ y me dice con una sonrisa: “pada ti mamá”. 

Lo que en principio indicaría el inicio de un momento mágico. Aquí diréis ¿mágico? pues no te has vuelto cursi ni ‘ná’. Pues sí, amigos, mágico, porque ¿no es acaso el summun de lo prosaico, el ver a tu hijo sacando la mano de su bolsillo, extendiéndola hacia ti, ofreciéndote su contenido? Y más cuando de fondo escuchas ese “pada ti mamá”. Pues sí, puede que me haya vuelto una cursi ‘redomá’ y se me vaya la pinza con el lirismo maternal, no te digo yo que no.

Total, que siendo como soy de entusiasmo ‘facilongo’, me emociono y apresuro a coger lo que mi niño me ha guardado -desde el recreo ¡y en secreto!- dentro de su bolsillo. Aiins!! ¿Qué será?

Porque lo que me suelo encontrar en los bolsillos, suelen ser piedras que por alguna razón le han parecido especiales, hojas de diferentes plantas, bolitas, semillas… Entrando en terreno comestible, aquí te puedes encontrar desde un gajo de mandarina, hasta una galleta desmigajada. Y entrando en el terreno biológico, desde caracoles hasta hormigas.

Así que podréis imaginar mi incertidumbre, !!cualquier cosa puede salir de esa manita!!

 

regalo para mamá

Y es que mi niño, sus manos, su ropa.. todo en él al volver del parque huele a primavera, una mezcla de aroma tierra, pino, resina, hierba y resumiendo a naturaleza te cosquillea las meninges soleadas. Y te dibuja automáticamente una ‘sonrisota’ en la cara.

Pablo es muy observador, y no sólo eso, le encanta toquetear todo, olerlo e incluso probarlo. Mira todo super atento, le encantan los colores cambiantes de las hojas, cómo caen sobre él con una ráfaga de viento o con la ayuda de mamá sacudiendo un poco la rama.

Bueno… Que me voy del tema -para variar- Vuelvo al regalo en cuestión.

Algunos imaginaréis que será alguna flor moribunda y espachurrada, otros pensaréis en un caracol… Pues no podíais estar más equivocados (he de reconocer que yo esperaba algo similar). Bien, pues lo que el niño de mis entrañas de había escogido y seleccionado con mimo y delicadeza era… Atención redoble….

Una caquita seca, bien redondita, a saber si de gato, de perro o de su propio pañal, ya que ahora está estreñido.

Así que nada, después de explicarle que eso es caca, que no se coge del suelo nada y bla, bla, bla… Viendo en sus ojos -que se empezaban a inundar- la decepción. No hice otra cosa, que guardarme la caquita, darle las gracias, un abrazo, la mano y seguir rumbo a casa, con su regalo en mi bolsillo – sintiéndome la peor madre del mundo, primero por no apreciar de primeras su detalle, y segundo por dar un mensaje contradictorio sobre coger cacas del suelo-.

 

Bueno, me voy despidiendo ya, que me alargo demasiado con tanto suspense y os aburro.

Hasta la próxima mi “Rodriguez de La Fuente” particular y yo, devolvemos la conexión

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