DE PAÑALES Y LOGROS

Publicada el 08/06/2018

 

Retomando el tema ‘pañeril’
Hoy os quiero hablar de los progresos de mi hombrecito en esto de controlar los esfínteres y dominar las artes del mear (se sobreentiende que dónde y cuando él quiere).

Y es que pese al desinterés por parte de mi ‘Pancibola’ hacia al mundo ‘pañeril’... (Desde que adquirió la capacidad de moverse solito -hacer la croqueta, vamos-, ha tenido fijación con los pañales, no le gustan, lo ha dejado claro en varias ocasiones). Yo no lo terminaba de ver. Quizá desilusionada por lo que pareció un buen comienzo el año pasado y termino con mi niño -fruto del esfuerzo por retener dentro de él las cacas- haciendo pétreas bolitas. Llegué a pensar que las sentía como algo propio y se las intentábamos robar. Qué sé yo.

El caso es que ha pasado un año, y entre que empezaba un nuevo curso, ‘los visitazos’ paternos que le dejaban un poco descolocado y -por qué no decirlo- la carencia absoluta de interés por mi parte en retomar la misión pañal… Cayó en el olvido.

Aunque, como tantas cosas en la maternidad, ésta vino por sorpresa.

Cuando un día de pronto mi chiquitín me mira y me dice con carita de perro pachón: “mamá, quero hacé pis”, a lo que le respondo: “hazlo, ¿qué te lo impide?. “No quero pañá, quero en mi vate chiquitito” dijo ante mi asombro.
Y ahí me tenéis, quitándole las zapas, el pantalón, desabrochando el body y hasta los calcetines -que tan imperiosamente se necesitaba quitar-. Todo esto sin salir de mi asombro, con cierta incredulidad, pero temiendo que realmente se hiciera pis y por consiguiente meara la ropa, el suelo, a mí… Sin que -por supuesto- una gota de orín entrase en ‘su váter’.

Pero para sorpresa del público (la abuela y yo mirábamos ‘ojipláticas’ sin terminar de dar mucho crédito). Pablete se sentó e hizo su pis. Sí, amigos, se aguantó mientras pedía ir al baño y yo le ninguneaba, mientras se desvestía… Y en cuanto sintió el frío tacto del ‘plastiquete’ en sus ‘nalgotas’… Miccionó.

Me lo tomé, como lo que fue, un primer experimento de niño mayor, sin darle mayor importancia que unas felicitaciones y el premio de seguir sin pañal lo que quedaba de tarde.

Debo aclarar que esta situación, aunque si bien es verdad que se ha repetido, no ha sido con la asiduidad que una entusiasmada madre hubiera pretendido. Pero sí con cierta regularidad. Algo que me llenaba de orgullo y satisfacción.
Lo pedía, normalmente, por la tarde noche (supongo que por el hecho de estar en casa, y tener ahí su váter). No le agrada salir de su zona de confort. ¿Quién le puede culpar por ello?.
Así que durante las horas lectivas o de parque, estaba con su pañal (casi siempre seco). Y en cuanto nos disfrazábamos de pordioseros (léase con ropa de andar por casa – body ‘pintarrajeao’ con edding, pantalones con manchas radiactivas…-). Ya pedía sin pañal.

En estas fechas nos ha pillado por sorpresa un catarro salvaje, que ha tenido en casa a mi gordi 5 días con sus 5 noches, dos de ellos producto de una ‘cuentitis’ sutilmente mezclada con el ‘megatrancazo’ que tuvo a bien contagiar a su santa madre (léase me pesan hasta las pestañas, si no das mucha guerra, nos quedamos en la cama viendo Leo el pequeño camión).

Total, que durante esta semana doméstica, hemos aprovechado para domesticar su colita.

Y creo que puedo decir con cierta dignidad que vamos, por fin, por el buen camino, qué digo por el buen camino… vamos ‘requetencaminados’ siguiendo las baldosas amarillas (y digo amarillo por algo más que hacer una referencia al mago de Oz).
Ojo, que no me atrevo a decir superada, porque mi niño es imprevisible y puede que hoy regrese del cole con una desconcertante bolsa de mudas, después de haberse meado ‘chorrocientasmil’ veces. También puede ser que haya novedades sobre el tema ‘caca sin mamá’, y además se haya cagado otras 15 veces. Misterios de la maternidad.

Y bien ‘requetencarrilada’ iré, cuando mi niño tiene un ‘accidentico’, ya sea por un ataque de risa, de tos, que se cae y se asusta… Moja el pantalón. Y -ojo al dato- pide perdón.

Mi pobre siente vergüenza, como si me decepcionara -se me parte el alma- intenta explicarse “muy mal, Pabb-llllo, fatá. El piz en el váte. Ya no zoy mayó…” -Con lágrimas en los ojos-. O cuando se le escapa un poco en las sábanas nuevas (le dije un día, “mira, sábanas nuevas, a ver lo que duran limpias” o algo así). Y me dice todo compungido: “Pabb-lllo no quedía, Pab-lllo cofunde, Pab-lllo taba en zu váte, no en la cama, lo sento mucho mamá” (con abrazos y besos de consuelo por su parte). Casi se me saltan las lágrimas, mi ‘chichitín pañalero’ se hace mayor, se hace responsable… Ains.

Estaba para comérselo, aún entero meado, era de una ternura infinita…

Bueno, corramos un tupido velo, que me pongo ñoña, y ya escucho a mi ejército de cookies gritar : “calla, que se marchan, mira uno, otro, tú sigue con la ñoñez y te quedarás sola”.

No sé si os he hablado alguna vez de mi ejército de cookies, son unos duendecillos que tengo por aquí encargándose de la seguridad, algo así como porteros de discoteca que frenan la entrada a mi blog de ‘ofendiditos’ y solo acepta gente que sea guapa, lista, simpática y con cierto sentido del humor.

A veces también las escucho en situaciones de lo más variopinto, así que no me atrevo a asegurar que existan más allá de mi cabeza.

Venga, que me he venido arriba y voy a hacer otro de mis listados. Vamos, que nos vamos.

Enunciaré algunos de los efectos secundarios que acompañan la -pronto añorada- operación pañal.

 – Llegado el caso, podrías excederte con el fervor y entusiasmo en cada celebración. Que no tiene por qué ser malo. No, pero os aviso, estas celebraciones tan intensas como tremebundas están abocadas al ‘despiporre juerguil orinalero’. Y llegado a este punto, cada vez que se aburra el churumbel, pida pis, para montar en cero coma una rave de esas que todo el monte se queda pequeño. Yo que soy muy dada a los canturreos, coreografías esperpénticas y demás ‘payaseos’. Le organizo un fiestón cada vez que se sienta en el váter, ya sean las seis de la tarde o las cinco de la mañana.

  • Y podría ser también, que tu pequeño ‘pies marchosos’ se una a la coreo con saltitos, vueltas, salpicones, más saltos y más salpicones

– Se puede dar el caso de que tu hogar se convierta en un expositor de orinales, de todas las marcas, modelos y colores. Yo -por ahora- me mantengo en un más que razonable primer orinal (el váter ‘chulérrimo’ que le regaló su abuela hace ya mil). Pero en la guarde se comentan casos en los que se apodera de la estancia un sinfín de orinales, adaptadores para el retrete y otros destacamentos.

– También se puede dar el caso, de que intentar ‘tener palabra’ y mantenerla por aquello de dar ejemplo de coherencia… Empujes a tu vástago por una rampa cuesta abajo y sin frenos de diabetes, caries, gorduras… Y demás efectos secundarios que conlleva premiar con chuches.

– Se podría dar el caso también, de que algunas áreas de tu casa adquieran cierto ‘olorcillo’ a arenero de gato, urinario público o callejón de bares un día de calor. Y es que -al final- son muchas sábanas, protectores de colchón, pantalones, suelos que fregar (por sus discretos pises ‘on the road’)… Para dos agotados brazos.

– También puede darse el caso -doy fe- de que te veas obligada a atravesar momentos transicionales algo excéntricos, situaciones que solo la brillante mente de un pañalero con dos años puede comprender. Con esto me refiero a que la recién adquirida autonomía mingitoria venga acompañada de una presunta autonomía higiénica.

  • Con estos momentos de autonomía me refiero a que tras desmontar el váter y sacar el orinal, pretenda organizarle una procesión. Procesión en la que él lleva el ‘cáliz de fuego’, con el zarandeo típico costalero, derramando más que transporta mientras insiste en pedir disculpas por “hacé charco piz, muy mal paab-lllo, de-pa-ci-to”. Sólo nos falta cantarle una saeta.
  • También puede pretender limpiar y pulir su preciado tesoro y con esto no me refiero al orinal sino a su culete. Aquí directamente nos cagamos en la selva amazónica. Empieza a sacar toallitas hasta que me pongo seria, y con una postura ‘muy natural’ se intenta limpiar desde el culo, hasta el pelo.
  • Después podría venir el ritual del lavado de manos, en este punto quiero matizar que lo hacer a la perfección, se enjabona, aclara, vuelve a enjabonar, entre los dedos, cada pliegue de la muñeca, vamos, que llega hasta el codo. Y es digno de ver cómo se baja de ‘su sillita’ (una para alcanzar el lavabo) sin tocar nada, abre y cierra puertas con el codo, no sea que toque algo y se venga abajo toda la ‘esterilización quirúrgica’. Para -a continuación- empezar a guarrear con los primero que pille. Esto es así.

– Y por ello, podría darse el caso de que desesperada, aburrida y cansada por tanto ‘bailoteo festivo-laudatorio’… Te resbales, te caigas en un charco de pis, te enfades, te desenfades, te entre la risa y te acabes meando también. (Basado en hechos reales).

Y ya lo voy a ir dejando, porque empiezo a recrearme -para variar- en la escatología, os asustáis, luego soñáis… Que sois muy sentidos, leñe.

Hasta la próxima ‘el Chorrimaguera’ y yo devolvemos la conexión

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