CONCILIA COMO PUEDAS

 

Hoy os quería hablar de cómo en un instante se trastornan todos tus planes. Porque amigos, cuando se cierra una puerta no siempre se abre una ventana.

Os pongo en situación, ahora mismo son las once de la noche de un lunes cualquiera. ¡¡Cualquiera, mis cojones!!

Esta mañana (sin haberme acostado aún y con un montón de trabajo pendiente) he despertado, alimentado, bañado, adecentado y peripuesto a mi ‘Pancibola’ para ir al cole (rutina de lunes: “noooo, mamáaaaa, a momíiii, quero momí más…”. “A bañá noooo, pofavóooo, ¿mamá, po quéeee?… “. “Pabo no quere vestí, nooo, pañá implito noooo…”). Excepto para desayunar… Que ya se despierta pidiendo el desayuno… El resto es un medidor de paciencia estupendo para empezar el día con alegría.

Bueno, pues resulta que después de tener al espíritu de la contradicción listo y dispuesto con todos sus complementos (chaqueta, mochila, gorra -hasta el ‘miniparaguas’ nos hemos tenido que bajar-). Vamos para el cole mientras suena en la radio “A cole noooo, ¿po qué? no querooooo”… Aterrizamos en la puerta del cole, una puerta cerrada a cal y canto. Una puerta con la capacidad de migrar las lágrimas de los ojos de mi retoño a los míos.

 

DE PUERTAS Y PUENTES

 

puertas y puentes concilia como puedas

“¿Pero qué? ¿Por qué? Si hoy no es fiesta. Madre mía, ¿y ahora qué hago?…”

Tarde unos segundos en resetear mi mente de mami ‘preocupona’. Y regresamos a casa al ritmo de una emisora mal sintonizada. Pablo canturreando, saltando en los charcos embriagado por esa sensación de libertad y de fondo mis neuronas rechinando los dientes.

Y diréis, anda, quejica. Tienes todo el día para disfrutar con tu peque. Pues sí, pero es lunes y llevo todo el finde trabajando por las noches porque el enano de día no me deja. Bueno, y de noche tampoco, porque se despierta cada dos horas y si no me ve, viene a buscarme, me agarra de la camiseta mientras me ordena “menga, mamá, a la cama ¡¡mamos!!”.

Y empieza el lunes estándar de una madre estresada en un día sin guardería… ‘Yupiiii’

Comencemos. Ya hemos subido a casa, le quito el uniforme, le disfrazo de pordiosero ‘pa andar por casa’ y gracias a la tardía caída en brazos de morfeo de mi energético chiquitín, me hago ilusiones del tipo: “bah, sesión de juego tranquilo, almuerzo, un poco más de desfogue lúdico (ahora ya sí con intención de agotar su maltrecha batería), comida y siesta. Está hecho, campeona”.

Nada más lejos. Y es que la maternidad es así de caprichosa y espontánea. Hoy mi niño ha tardado más de lo normal en despertarse, cosa natural después de haberse pasado la noche dando por saco. De modo que hasta he podido hacer caca sola (un milagro, gracias al cual estaba incluso de buen humor).

Así que evacuada, desayunada y con el día que empieza a mejorar (asoma el solete entre los nubarrones). Me dispongo a dar una paseo con el aventurero. Suerte que a la sazón a tenido a bien mostrarse colaborador y ‘voluntarioso’ para mi dicha y regocijo. Podría decirse que el día comienza bastante bien y probablemente logre superarlo.

Aquí quiero puntualizar que para el dolor de espalda, tener un niño acaparador que sólo quiere mamá, mamá, mamá, brazos, mamá… Que berrea cual ciervo si me alejo más de tres metros… No es recomendable.

conciliación y dolor de espalda

Mi más que agotado ‘cuerpoescombro’ después de correr tras un vigoroso niño de dos años que se empeña en echar carreras (de pronto suelta: “peparados, litos, ya”. Y echa a correr como pollo sin cabeza). Que se ofusca en perseguir gorriones, palomas, mirlos… (Lo que sea). Después de ayudarle a escalar las cuerdas, vigilar que no se escalabre haciendo el mono loco en los toboganes más altos. Ayudarle en el adiestramiento de caracoles y lo que más: Mediar en sus conflictos territoriales (tiene días tontos en los que todo el parque es suyo, y punto).

Total, que lo que iba a ser la operación cansar al chiquillo para que coma y se eche la siesta (y de paso yo) se convierte por arte de birlibirloque en la operación ‘destrozamadres’.

Volvemos a casa, no quiere comer, nada le gusta… En fin, un niño con ‘sueñambre’. Consigo que coma. Pero ha preferido saltarse la siesta. Que Dios nos pille confesados.

 

Entro en una especie de frenesí de eficiencia materna, y me pongo a jugar con él. Algo que sería estupendísimo si quisiera pintar, ver patrulla canina, jugar con a plastilina, los coches… Jugar si no él solo… Con la menor interacción posible. Pero claro, estamos hablando de un niño sin siesta.

Y mira que lo he intentado, me he tumbado con él a ver por trigésima vez a Blippi, a José el comilón… Con intención hipnótica -al menos a mí, me deja ‘esnucada’-. Pero nada funcionó.

 

Llegamos a la cena, mi cordura empieza a tambalearse. Consigo que cene. Que se vaya a la cama sin poner mucha resistencia. Y tras unos tres cuartos de hora de charleta con el niño koala, éste cae.

Pero hay que joderse, no me consigo dormir ni me concentro en el curro. Así que aquí me tenéis, escribiendo esta entrada trasnochada.

Hasta la próxima mi agotada batería y el vampiro energético devolvemos la conexión.

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Carolina Mamá Ríe
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Un día memorable, si señor!!! jajajajajaj. Yo sé de una que ha tenido muchos de esos 😉 aunque no te sirva de consuelo.

Carolina Vargas
Usuario

Un día memorable, si señor!!! jajajajajaj. Yo sé de una que ha tenido muchos de esos 😉 aunque no te sirva de consuelo.

Lianchio Discahogar
Usuario

Jajajaja he empezado a leer tranquila y he terminado leyendo rápido y estresada. Que manera de transmitir el día! Aun así me he reído mucho con tus frases y expresiones, sobre todo las del parque. Me encanto el post por la forma en que lo cuentas!

The_J0ker_King
Usuario
The_J0ker_King

Es muy duro, hay cosas que has indicado que son exactamente las que hemos vivido en casa, tanto con la mayor, como con la pequeña. Hay días que parecen interminables. Muchas gracias, y un gran abrazo 👍

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