EL CAZADOR

Publicada el 01/11/2008

 

Aquel gato se relamía mientras observaba meticulosamente al ratón, en silencio, en la sombra, estrechando el cerco. Examinaba cada respiración, cada latido, cada insignificante movimiento, de ese diminuto cuerpo que saborearía más tarde. Cualquier ademán, cualquier pequeño descuido, por imperceptible que pudiera parecer, provocaría la súbita reacción del cazador. No obstante, esa presa advirtió su presencia cuando ya sólo le faltaban unos pasos… Sí, evidentemente era tarde. Pero este pequeño ratón respondió con una penetrante mirada, de esas tan frías que te paralizan, para luego sonreír, dar media vuelta y escabullirse lentamente hasta desaparecer. El cazador, humillado, regresó, se acercó a su bol de leche y bebió en soledad.

 EL CAZADOR 

Publicada el 01/11/2008

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Aquel gato se relamía mientras observaba meticulosamente al ratón, en silencio, en la sombra, estrechando el cerco. Examinaba cada respiración, cada latido, cada insignificante movimiento, de ese diminuto cuerpo que saborearía más tarde. Cualquier ademán, cualquier pequeño descuido, por imperceptible que pudiera parecer, provocaría la súbita reacción del cazador. No obstante, esa presa advirtió su presencia cuando ya sólo le faltaban unos pasos… Sí, evidentemente era tarde. Pero este pequeño ratón respondió con una penetrante mirada, de esas tan frías que te paralizan, para luego sonreír, dar media vuelta y escabullirse lentamente hasta desaparecer. El cazador, humillado, regresó, se acercó a su bol de leche y bebió en soledad.

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