EL DICCIONARIO

Publicada el 02/02/2009

 

Y en ese rincón, cubierto de polvo, año tras año, gritaba en silencio las palabras que aún guardaba aquél pequeño y raído diccionario.
Hasta que de pronto un día, una puerta se abrió, se perfiló entonces una silueta que alargaba sus manos hacia el suelo, hasta aquél rincón, como queriendo alcanzar ese insignificante libro, unas manos conocidas, las de aquella tan obligada como no olvidada compañera de estudios, aquella que desapareció, como todo en aquellos tiempos, sin quererlo, sin avisar.
Y una suave brisa levantó las primeras páginas, rompiendo el silencio y envolviendo el ambiente con ese característico olor a libro, olor tan familiar que parecía haberlo guardado celosamente durante todos estos años.
Pero no, aquellas manos entre las que tantas horas pasó, no venían a por él, sino a por una vieja compañera de mesa, una caja de música con forma de piano.
Y así, como si nada, siguió esperando en su rincón.

EL DICCIONARIO

Publicada el 02/02/2009

Y en ese rincón, cubierto de polvo, año tras año, gritaba en silencio las palabras que aún guardaba aquél pequeño y raído diccionario.
Hasta que de pronto un día, una puerta se abrió, se perfiló entonces una silueta que alargaba sus manos hacia el suelo, hasta aquél rincón, como queriendo alcanzar ese insignificante libro, unas manos conocidas, las de aquella tan obligada como no olvidada compañera de estudios, aquella que desapareció, como todo en aquellos tiempos, sin quererlo, sin avisar.
Y una suave brisa levantó las primeras páginas, rompiendo el silencio y envolviendo el ambiente con ese característico olor a libro, olor tan familiar que parecía haberlo guardado celosamente durante todos estos años.
Pero no, aquellas manos entre las que tantas horas pasó, no venían a por él, sino a por una vieja compañera de mesa, una caja de música con forma de piano.
Y así, como si nada, siguió esperando en su rincón.

 

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