EL ESPANTAEMBARAZADAS

Publicada el 22/09/2015

 

Hoy os hablaré de la fauna mitológica que nos podemos encontrar a o largo de estos nueves meses de espera e incertidumbre.

 

‘Cohabitan’ entre nosotros personas en apariencia normales, pero que esconden en su interior un ente que tiende a manifestarse en tu momento más vulnerable, estos seres parecen amigables, incluso denotan cierta preocupación a la hora de brindarnos sus consejos, hablo, como no, de esas ‘presuntas amigas’ que enseguida notan que has engordado (aunque sean 300gr) y no pierden la oportunidad de decirte lo ‘torreznillo’ que te estás poniendo. De esa ‘entrañable abuela’ que en esos días que sientes ‘plof’ hace comentarios tan alentadores como “con lo guapa que eras de pequeña”, compañeros de trabajo, vecinos entrometidos, amigos, enemigos, desconocidos, muchos desconocidos y demás gentes del lugar que sueles ver, como quien ve la tele, sin necesidad de interactuar. (Todos conocemos alguno, ¿verdad?)

El personaje que hoy tratamos no es otro que ‘el espantaembarazadas’ una “criatura legandaria” presta a manifestarse en cuanto intuye nuestra preñez.


 

 EL ESPANTAEMBARAZADAS EN ACCIÓN


 

Pero vayamos por partes, ¿cuáles son sus poderes y por qué nos debilitan?

 

“El espantaembarazadas”, como su propio nombre indica, se dedica a atemorizar preñadas y parece disfrutar con ello. Le encanta contar batallitas (cuanto más macabras y tremebundas mejor). Son crónicas adaptadas específicamente a nuestra etapa de gestación.

Su catálogo de historias para no dormir engloba el primer, segundo y tercer trimestre. Pero ahí no acaba, porque, al igual que la maternidad, sus relatos evolucionan y se extienden pasando por los pródomos, parto, postparto, puerperio, lactancia… Y así puede seguir, si le dais carrete, hasta que el niño vaya a la universidad, se case… avisadas estáis.

Para ponernos en situación os dejo un ejemplo:

Estás aterrada porque algo, lo que sea, parece no ir bien, no tiene por qué, pero la ‘paranoia gestacional’ es así de caprichosa.

Pongamos que en una ecografía has creído ver una mueca rara en la cara del técnico, situación que empeora cuando lo ves llamar a otros dos o tres ’embatados’ (no sé qué tienen esas batas blancas que, cuando se juntan más de tres, se crea un halo de misterio catastrófico), pero hombre de Dios, no ‘cuchiechee’, hable en tono normal que, total, no me voy a enterar.

En mi caso esta situación es de lo más habitual, porque me toca un hospital universitario, y eso quiere decir, que pueden avisar a otros para enseñarles cualquier cosilla o incluso para corroborar que sus mediciones son correctas.

Pero tú ya te quedas con la sensación de que algo puede ir mal, qué digo mal, fatal, y no te lo quieren decir para no asustarte, todo esto muy a pesar de que te hayan confirmado que está todo en orden.

Y ahí estás tú, mordiéndote las uñas frente al ordenador, escudriñando los datos de la ecografía, comparándola con una serie de reseñas que otras ‘preñonas con inquietudes’ han colgado en la red, para uso, disfrute y preocupación gratuita de otras gestantes.

En esos días, como si de un radar que capta tu intranquilidad se tratara, aparece ‘el espantaembarazadas’ (que puede permanecer latente por largos periodos, siempre y cuando no te agobies con alguna tontería, o en ese momento resurgirá).

Este personaje se dedicará, después de la pregunta de cortesía “¿cómo estás, cómo lo llevas?” (que no os engañéis, no es otra cosa que una táctica de evaluación, para comprobar tu estado actual de ansiedad, tomarlo como punto de partida y desde ahí ir subiéndolo poco a poco hasta donde le permitas).

Este proceso puede durar desde una simple llamada (para los ya muy expertos) o bien repartirse durante días en llamadas, whatsapp… e incluso vía Facebook, ya sea por privado, etiquetándote en alguna barbaridad o directamente bien plantao en tu muro, para que pueda unirse el ‘comité de batallitas’ a la cruzada.

El sujeto puede tratar temas tan diversos como pueden ser los ‘los mil y un tipos de aborto que sus conocidas han tenido (algo que me parece muy sospechoso y lejos de aportarme cierta confianza en sus historias, me empuja a llamar a la policía para que se investigue tanta tragedia como acontece en el entorno más o menos cercano de este personajazo).

Estos abortos se producen por las causas más variopintas, enumero algunas de ellas: ‘subir escaleras’, ‘bailar’, ‘saltar’, ‘correr’, ‘mantener relaciones sexuales’, ‘teñirse el pelo’, ‘usar colonia’, ‘sacar algo del horno’, ‘toser o tirarse un pedo’.

Historias que se ajustan a tu semana de gestación (a todas y cada una de esas desafortunadas mujeres les ocurrió por esas fechas).

O bien la interminable lista de malformaciones que puede tener el bebé y no se detectan -o sí- según como nos haya ido. Si hemos tenido la mala suerte de que algún valor nos salga alterado en los controles, adaptarán su batallita a los peligros de la amniocentesis, o lo que más se ajuste a nuestra situación particular.

Y es que estas historias son así de versátiles, sirven para fumadoras, deportistas, zampabollos, veganas, las que comen carne, pescado, queso… embarazadas altas, bajas, gordas, delgadas, rubias, morenas, incluso pelirrojas… Para estos individuos somos todas gestantes de alto riesgo en potencia.

No es necesario, de verdad, yo era muy feliz viviendo en mi ignorancia sin necesidad de saber, ‘señora que está sentada a mi lado en el autobús’, que su nuera estuvo a punto de morir durante el parto, que necesitó cuatro transfusiones, entró de urgencia al quirófano para, al final, perder al bebé, su útero y por su puesto la posibilidad de volver a concebir.

Señora espantaembarazadas de la línea 7, de verdad se lo digo, no tenía Ud. la obligación moral de compartir conmigo -una completa desconocida- esa experiencia tan trágica como personal.

Y es que. por si fuera poco, a estos desagradables relatos con partos dantescos, hay que sumarle ese desdén de culpabilización indirecta que acompaña a toda buena anécdota de ‘espantaembarazadas’, y es que casi siempre se deja entrever que la gestante en cuestión (ésta, casualidades de la vida, suele pertenecer a la familia política), estuvo negligente, descuidada, poco hábil, confiada…

Señoras y señores ‘espantaembarazadas’ hagan el favor de no dramatizar, nosotras ya somos conscientes de que ‘el milagro de la vida’ es algo complejo que entraña riesgos, es más, muchas enajenadas nos preocupamos innecesariamente y consideramos que el verdadero milagro es que todo salga bien, sin que necesitemos que sus truculentas historias agiten nuestra hormonada mente.

Así que mi “superconsejito de la semana” es que os alejéis de estos seres, si los veis corred, aunque en un desesperado intento de reteneros os griten cosas como “correr provoca abortos” no miréis atrás y seguid corriendo, vuestra psique os lo agradecerá.

La barriga creciente y yo devolvemos la conexión. 

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