SED DE CONOCIMIENTO

Publicada el 30/11/2015

 

Hoy quiero hablaros de lo mucho muchísimo que estoy aprendiendo desde que inicié esta aventura llamada embarazo.

A toda la información que busco sobre la gestación en internet, libros, revistas… Por si no fuera bastante hay que sumarle los cursos, cursillos, charlas y demás actividades que nos programan a las embarazadas. Supongo que para mantenernos entretenidas y no demos tanta guerra.

Los hay sobre cualquier tema que puedas imaginar. Cursos sobre el embarazo (que tratan temas tan inquietantes como son los cambios físicos y emocionales, mientras te ofrecen una serie de pautas para poder manejarlos (¿¿??) y que no os afecten tanto a ti como a tu entorno). Los tienes sobre la maternidad, crianza y educación. Cursos de preparación al parto, de yoga, pilates, incluso una especie de gimnasia piscinera. Cursos, cursillos y ‘cursazos’ donde nos enseñan a respirar, empujar… incluso a utilizar correctamente diversos artilugios, desde pelotas gigantes (que prometen ser de gran utilidad en el momento de la dilatación para aliviar el dolor), cojines de lactancia, pezoneras, sacaleches… Hasta los más elementales, como pueden ser el cochecito, la bañera… Con toda la parafernalia y accesorios del bebé, que no son pocos. (Sí, las primerizas necesitamos hacer un curso para todo).

Ahora me manejo con soltura a la hora de usar términos que no hace mucho desconocía, palabros de jerga preñil como ‘entuertos’, ‘calostro’, ‘Braxton Hicks’, triple screening’, ‘loquios’, ‘puerperio’, ‘ectópico’, ‘meconio’, ‘cefálica’, ‘podálica’, ‘pródomos’, ‘translucencia nucal’, ‘mastitis’, ‘expulsivo’… Y un largo larguísimo etcétera. Inclusive me atrevo con la interpretación de ecografías, control de percentiles. (Todo esto con dominio absoluto de las abreviaturas respecto a mediciones).

Siendo ésta una instrucción que -aunque útil durante el embarazo- no vuelves a necesitar después (algo así como el conjunto vacío en matemáticas de primaria). Aprendes una barbaridad, eso sí.

Miras, comparas, preguntas… Y aún así sigues buscando y devorando toda la información disponible sobre cualquier tema. Ya sean cochecitos, cunas, colchones, biberones, pañales, chupetes… O cualquier artilugio que necesitas -pero ya- para la inminente, próxima, futura, o como en mi caso ‘futurísima’ llegada del bebé (ya tenía comprado y montado el carrito, antes incluso de saber el sexo).

Pero si lejos de saturarte, quieres más y más, enhorabuena, te has convertido en una yonki del embarazo.

No tienes otro tema de conversación, pero claro, has aprendido tanto que te ‘autoproclamas profeta’ y emprendes ‘una misión’. Que no es otra que la de compartir toda la información adquirida durante la preparación intensiva (que te ha convertido en la erudita que eres hoy). Y te sorprendes a ti misma manejando con destreza temas ‘tocologísticos’. Y es que de eso se trata, de compartir con todo aquel que te preste atención. Eso sí, pronto y a cuantos más mejor. Hay que captar adeptos para la ‘secta preñil’ antes de que toda esa sabiduría adquirida, y fruto de tu experiencia personal. Todos esos ‘recuerdos’, se pierdan (parafraseando a Roy) “como lágrimas en la lluvia”.

Por no privarme de nada, hasta hice un curso sobre nutrición (éste obligatorio por la diabetes gestaciónal) que resultó francamente interesante. Te explican en días alternos, uno el endocrino y otro a enfermera de nutrición. (Durante unas amenas charlas de cuatro horas) todos los entresijos de la alimentación, funcionamiento del páncreas, vesícula… Vamos, el sueño de cualquier yonki de la información. El resto de charlas y cursos, los hice por puro vicio. Y es que mi sed de conocimiento no hace ascos a nada.

Cuando toda la información que llega a tus manos no sacia tu sed -como ya comenté antes- llegó el momento de entrar en ‘modo experto’ y apuntarse a cursos, cuantos más mejor. Yo ya hice uno de preparación al parto, otro de maternidad responsable, otro de lactancia. He asistido a las charlas de anestesistas, matronas y matrones (no pretendo ser políticamente correcta, ni mucho menos, es que en mi caso las clases la imparte un matrón)

También me apunté a una visita guiada por la maternidad y paritorios (así, tal cual, suena).

Os hablaré un poco de la visita, por si -como a mí- os ha desconcertado.

Consta de una charla a cargo de la matrona más dicharrachera del hospital elegido, en la que no sólo nos explica cómo será nuestro parto. Nos hace una presentación en powerpoint y cuenta sus ‘batallitas de matrona’ pasándose por sus huevos toreros la intimidad y/o privacidad que cabría esperar de un profesional en uno de los momentos más vulnerables de tu vida.

Ahí la teníamos contándonos, con todo lujo de detalles, cómo una parturienta el miércoles pasado (tras renunciar al enema) se hizo sus necesidades encima durante los pujos. También nos habló de otra que le gritaba obscenidades al marido… Y alguna más. Pero claro, después del primer ejemplo -al menos yo- ya no presté la atención que cabría esperar de una ‘yonki de la preñez’. (Es más, al verlas en las habitaciones con sus recién nacidos -pasando un poco de la exposición que con tanto esmero se preparó la matrona- intentaba deducir con una compañera de gestación, quién se cagó pariendo hacía tan solo dos días, puesto que la visita fue el viernes). Y así, amiguitos, es como pasé la mañana de mi cumple.

Una charla de aproximadamente 3 horas, con su correspondiente recreo y excursión al baño (no olvidemos que nuestras vejigas están bajo presión). Seguida de otra, ésta sí más cortita, de hora y media sobre los diferentes tipos de anestesia. Porque no sólo existe la epidural, señores, también podemos elegir sedación, anestesia general, incluso óxido nitroso. (Sí, sí, has leído bien, el famoso gas de la risa que usan los dentistas). Una charla impartida por un anestesista muy cachondo, para tomarse unas cañas con él, pero que no sé yo a la hora de manipular la anestesia… Si le querría a mi vera.

Ya entumecidas y a punto de enraizar en las ‘comodísimas’ sillas del aula docente, cogimos nuestros bártulos (mochila, cantimplora, cámara de fotos… Es una excursión ¿no?). Y comenzamos una ruta hospitalaria en la que veíamos a las pobres parturientas desencajas en la sala de dilatación. Mientras las excursionistas y acompañantes (En total unas 50 personas). Íbamos pasando de un sitio a otro atentos a las explicaciones que nos iban ofreciendo los diferentes ‘profesionales de zona’ (os digo, sólo nos faltó hacer fotos).

Tuvimos además la suerte de ver cómo sacaban a un recién nacido. (Después del famoso ‘piel con piel’ y primera toma de contacto con la lactancia, tal cual nos explicó amablemente la enfermera de la cuna). Salían de los ‘paritorios misteriosos’ * y ahí nos unimos.

*Dramatizacización 

Ay, cómo se nos caía la babilla a todas mientras coreábamos al unísono ‘oooohhhhhh’ poseídas por la ‘ñoñez’ ante tamaña preciosidad. Seguro que hasta tiene ese olor a nuevo, se llegó a escuchar. (Aquello bien parecía una romería, o mejor, una procesión en la que sólo nos faltó cantarle una saeta al bebé).

Los recién nacidos provocan esas reacciones en todas las personas incluso en las ‘deshormonadas’. Pero en nosotras las ‘locas preñonas’ alcanza niveles estratosféricos. Es mirarlo y morir de amor, tan pequeñito, con sus bracitos, sus manitas, su cabecita, piernecitas, piececitos… Y es que así somos, hacemos recuento de miembros en diminutivo, como si de algo esclarecedor se tratase. (Sí está todo en orden dos de cada, menos de las cosas que sólo debe haber una).

Aprovechamos ‘la oportunidad’ de seguir a la enfermera todo el trayecto que lleva del paritorio tenebroso a la sala de curas, donde se disponía a bañar al bebé en una especie de fregadero metálico. Es una de las pequeñas pegas que le encontré. No tienen bañera en las habitaciones, así que se los lleva la enfermera para cada baño.

¡¡Con lo que aprendí en las clases de preparación al parto!!. Bueno, la verdad sea dicha, aprendí sí, a ahogar un bebé, básicamente. -Os comento- cuando ya tenía controlado el tema del agarre. Por lo visto se le sujeta entre el muslamen y la rodilla con la mano, mientras su cabecita apoya en la parte interna del codo maternal. Hasta aquí todo sencillo ¿verdad?.

Pues bien, cuando tus brazos más que brazos son fideos, como es mi caso. Surge un problema de apoyo y al estirarme los más mínimo para, por ejemplo, alcanzar el champú. (Sí, a pesar de falta de melena los recién nacidos necesitan champú). La cabeza del muñeco se escurría quedando sumergida, mientras le sujetaba la ‘piernuca’, esa sí fuera de agua (en modo ‘snorkel’). Un drama la verdad. Menos mal que mientras dure el embarazo estoy en prácticas y no me pueden quitar puntos del carné de madre.

Otra cosa que me dejó un poco desencantada es que sí, disponen de unos paritorios que son la locura, amplios, bonitos, espaciosos, en unas habitaciones individuales que se podrían medir tranquilamente en campos de fútbol. Con esas camas que parecen ‘transformers’ y te ofrecen la posibilidad de parir haciendo el pino, si así lo prefieres. Con las cunas de reanimación listas y dispuestas. Tienen regulador de intensidad para la luz, pelotas de ejercicio, incluso un lector USB para escuchar la música que prefieras. Hasta aquí todo perfecto. Llegamos a la pega, sólo disponen de 4 nuevos, el resto son los antiguos, unos paritorios que ni nos enseñaron, por algo será, ya que en la visita también nos enseñaban pasillos, ascensores, cafetería, incluso la uci neonatal, algo ocultan en esa misteriosa zona llamada ‘los paritorios viejos’.

Y esto es algo que se repite al llegar a las habitaciones, disponen de 20 individuales. Si tienes suerte te alojarán en una de ellas, que como los paritorios son una gozada, grandes, cómodas. Con un estupendo sofá-cama para el acompañante. Pero con la posibilidad de instalar a toda la familia propia y política e incluso un asentamiento gitano (si te das cierta maña organizando unos colchones por el suelo), de grandes que son.

Ya me quedo sin fuelle, escribir es una de las actividades que haces derecha, como comer, o vivir. Y eso es algo que ya empieza a ser un problema, o me reclino… o me ahogo, así de sencillo. Es una dura competencia por el poco espacio disponible, o el bebé o los pulmones, sólo puede quedar uno.

Ya otro día (después de documentarme como es menester) entraré a fondo en otra de las maravillosas locuras preñiles: “El descubrimiento de las… ¡¡Cosas gratis!!”.  Y es que, desde el embarazo, se despliega ante mí un abanico de ofertas, promociones, descuentos… Y todo tipo de obsequios, canastillas, muestras y como no…

Más cursos, más charlas, y por ende.. ¡¡más canastillas!!. Pero será otro día, que ahora mi gordi reclama su espacio.

La barriga creciente para historias de un embarazo, devuelve la conexión.

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