EL DÍA QUE PERDÍ MI NOMBRE

Esta historia ocurrió un día cualquiera de una semana cualquiera, en una casa cualquiera de una ciudad cualquiera. Dentro de una cajita vivía el abecedario de Pablo, unas letras de colores imantadas con las que disfrutaba jugando. Con ellas aprendió el nombre de cada una y su sonido. Pero lo que Pablo no sabía, es que al cerrar la tapa de la caja, esas letras cobraban vida. Tenían formada una civilización llamada Letrarium y -como en toda civilización que se precie- había una jerarquía, donde el mando iba pasando de letra en letra, según la popularidad que (…)

EL DICCIONARIO

Y en ese rincón, cubierto de polvo, año tras año, gritaba en silencio las palabras que aún guardaba aquél pequeño y raído diccionario.
Hasta que de pronto un día, una puerta se abrió, se perfiló entonces una silueta que alargaba sus manos hacia el suelo, hasta aquél rincón, como queriendo alcanzar ese (…)

el abrigo soy tan moderna que ni existo

EL ABRIGO

Era una tarde de marzo, empezaba a oscurecer, me había terminado de poner las botas y tenía el bolso en la mano cuando, al empezar a despedirme, escuché esas palabras; No supe muy bien cómo reaccionar, sorprendida, cogí el abrigo, salí de casa, cerré la puerta y llamé el ascensor mientras no dejaba de dar vueltas a aquel adiós. Teníamos una relación bastante (…)

EL CAZADOR

Aquel gato se relamía mientras observaba meticulosamente al ratón, en silencio, en la sombra, estrechando el cerco. Examinaba cada respiración, cada latido, cada insignificante movimiento, de ese diminuto cuerpo que saborearía más tarde. Cualquier ademán, cualquier pequeño descuido, por imperceptible que pudiera parecer, provocaría la súbita reacción del (…)

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