CENIZAS

Triste el lugar que he soñado, en el que los chistes no tienen gracia, los dichos sentido ni los poemas emoción. No podíamos quejarnos del extravagante olor que desprenden las páginas de un viejo libro al pasar. Sólo dueños de nuestros silencios, allí no había palabras, ni para ser dueño de ellas, ni ellas de nosotros. Sólo silencio. Los libros ya eran ceniza.

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