LOS VISITANTES

AGRADECIDA Y EMOCIONADA, SOLAMENTE PUEDO DECIR… GRACIAS POR VENIR

Publicada el 27/02/2016

Bueno, pues ya hemos parido.

Y me apetece compartir con quien me quiera leer, mi impresión sobre las visitas al hospital.

 

Dicho esto, procedo a clasificar ‘visitantes’:

 

  1. Visitantes estupendos: Dícese de aquellos ‘visitatantes’ que vienen en horario prudencial y sobretodo traen ‘regalos comestibles’, en este punto debo matizar que no es por egoísmo, simplemente tu cuerpo serrano (extenuado por el parto y agotado de no dormir) te pide azúcar, cabe destacar que en mi caso y después de la puñetera dieta por la diabetes, casi lloro cuando vi el bote de leche condensada.
  2. Visitantes aceptables: Dícese de las visitas que aparecían en hora de la siesta, la visita médica o las comidas.
  3. Visitantes aceptables, pero no tanto: Dícese de aquellos que se acercaban pasadas las ocho de la noche – Olé el Príncipe de Asturias y su ‘jipismo’ para las visitas- Porque esto pasó.
  4. Visitantes mejorables: Dícese de aquellos que:
  • 4.a- Insisten en narrarte partos estupendos en apenas dos horitas, o peor aún partos ‘megapeligrosos’ en los que de ‘purito milagro’ sobrevivieron madre e hijo. Los espantaembarazdas aparecen cuando menos lo esperas y disfrutan contándote con todo lujo de detalles, las complicaciones que pueden surgir en el postparto.
  • 4.b- Éstos o bien te dicen la mala cara que tienes. O peor aún, le ven cosas al bebé, cosas que abarcan desde algo raro en la mirada (qué mirada, si parece un teleñeco incapaz de fijar la vista), hasta si tiene un color raro, los pies muy grandes, las patillas de Curro Jiménez o el ceño fruncido (aquí mejor no opino, porque tenían más razón que un Santo)
  • 4.c– Otros te aconsejaban que no le dieras teta, que mejor la leche de fórmula y bla, bla, bla… (sólo faltaba que boicoteen la lactancia a una recién estrenada mamá). Tampoco entiendo por qué la leche ‘procesadísima’ de vaca va ser mejor que la leche humana, pero ese es otro tema.

También debo aclarar que durante mis cinco días, sí, cinco días me tiré en el hospital, no me faltaron chuminadas (pasteles, bollos, leche condensada y una cosa que se llama ‘marrón glasé’ o algo así, que aunque empalagosa, estaba bien buena. Y esto es de agradecer, a cualquier hora.

Así que desde aquí, quiero agradecer a todos lo que vinieron tanto al hospital, como a casa su infinita paciencia y regalitos.

 

Recuerdo con una sonrisa las palabras de mi matrón en las clases de preparación al parto, “cada visita que vaya al hospital, es un tentempié menos que prepararás en casa” y las no menos memorables “si la visita se alarga, subís las piernas y decís que los puntos tienen que airearse, mientras os abanicáis los bajos, eso les echará”.

Resumiendo: Las visitas molan, son estupendas y las queremos ‘mogollón’, sobre todo si traen goloseo o regalos de fácil transporte, eso, o el ramo gigante de flores que envió su primo sólo un añito mayor que Pablo (lo que nos costó adivinar quién tuvo a bien mandarlo, porque resulta que el papá también tiene un primo que se llama Adrián)

Porque ‘los visitantes’ deberían cumplir cinco ‘sencillísimas’ normas o requisitos:

 

1) Duración: entre cinco minutos y un cuarto de hora.
2) Horarios: los prudenciales que se aplican a cualquier hospital, por favor, ‘visitantes’ nada de horarios psicodélicos (como siestas y horas de descanso, tanto para la madre como para el recién nacido)
3) Conversación y/o presentación: Aquí es de agradecer que, al menos, 10 veces  reiteren lo rico que es el niño y, mínimo 15 veces, lo ‘guapérrima’ que está y el tipín envidiable que se le ha quedado a la madre.
4) Charleta que debería estar prohibida: Hacerse con el protagonismo narrando sus propios partos, hemorroides y demás historias para no dormir, Un poquito de por favor.
5) Comentarios que bien merecen una bofetada: Nunca, pero nunca, por muy cierto que sea, referirse al probable deterioro físico de la mamá. Y por supuesto, menos aún comentarios sobre el desorden que pueda haber en la habitación y/o casa (eso ya sería de ejecución pública).

No sería necesario añadir que no deben quedarse a comer y/o cenar (al no ser que la traigan ellos, entonces sí). Así insistas en una enajenación. O venir para ver cómo bañas al niño. (El que quiera ver baños que visite Roca). 

Hasta la próxima, mi chiquitín y yo devolvemos la conexión.     

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