CARA DE TORTA – NACIMIENTO DENOTA

Publicada el 10/01/2016

 

Tras explicaros en anteriores entradas las diferencias entre barriga picuda y barriga redonda, su significado más allá de toda lógica a modo de “prueba diagnóstica rigurosa” utilizada por miles, qué digo miles, millones de ‘sexadores de bebés’.

Y después de tratar a fondo el tema “ecografías en 3D Y 4D”, y cómo todo le mundo le saca parecidos a esa especie de amasijo en plastilina naranja, al que le faltan pedazos de cara y cuerpo, mucho cuerpo le faltaba a Pablete (en las mías su cabecita era algo parecido a las máscaras de drama y comedia).  

Pues bien, después de enseñar a tu retoño de esa guisa escuchas: “tiene la naricilla como la tuya”, “la boquita del padre” (los más audaces, eso sí, porque una cosa es segura, la madre siempre es la madre, al menos en los casos de concepción natural, y claro, así es más difícil errar semejanzas). Hoy os hablaré de mi ahora más que evidente ‘cara de torta’ también conocida como ‘cara preparto’.

Porque en el mismo instante en el que un conocido, que como tantos otros desde que estoy embarazada sienten el irrefrenable impulso de opinar y aconsejar (con la confianza, eso sí, del que sabe de mi vida algo más que el nombre), me dijo que me estaba poniendo ‘gordísima’, que si me ve ni me conoce (qué ataque más gratuíto, ya que seguía en mi primer trimestre, sí, sí, ese en el que todo te da asco, te huele mal, te sabe raro y no paras de vomitar, en mi caso, a parte de una incipiente barriguita, estaba muy lejos de las gorduras que se me achacaban)…

En ese preciso momento entendí que una podía escuchar ya cualquier cosa durante esta maravillosa y nueva etapa llamada preñez.
Mi barriga ahora tiene el perímetro de una plaza de toros, evidentemente, no puedo pretender pasar desapercibida. Ni es mi intención. Pero tampoco veo necesario que cualquier persona, en el autobús, por la calle, la sala de espera, en la cola del Día, incluso la gitana del romero... me hable.

Ya os comenté hasta qué punto personas de toda índole se ven obligadas irremisiblemente a intentar tocarme la panza, como si su mano fuera una prolongación del más preciso de los ecógrafos, tecnología punta de ultimísima generación, “su mente”. Y me clavan esa mirada de concentración que atraviesa tejidos, permitiendo estudiar a fondo lo que acontece dentro de mi barriga, una mirada que asusta para, posteriormente, ofrecerme un minucioso ‘diagnóstico obstétrico callejero’, algo que llevo sufriendo desde que uso barriga.

Lo que sí he notado es un progreso según avanzaba mi embarazo y es que, a comentarios tan perturbadores como:

“Los embarazos de niña te ponen fea, los de niño guapa”.

“No olvides la importancia del masaje perineal para prevenir desgarros” (¿no sabéis lo que es? os animo a buscarlo).

“Si no trabajas el suelo pélvico tendrás incontinencia de esfínteres porque se descuelgan los órganos internos al no haber sujeción”.

“Madre mía, qué tripa, a ver si van a ser gemelos”.

“Tienes toda la pinta de que te falta hierro”.

“¿Estás segura de será niño?, tienes más tripa y cara de niña”.

“¿Estás segura de que tienes la fecha prevista de parto bien?”. “Uy, a Enero no llegas”. “Tienes ya la barriga muy baja, seguro que está encajado” O la ya mítica “¿Pero, aún no lo has tendido?” (Sí, claro que ha nacido, pero ahora lo llevo colgado bajo el vestido, porque quiero ser un canguro)… Se ha sumado una especie de ‘recriminación’, sí, me siento incriminada porque se dice con tono acusador. Y es, redoble de tambores… cómo no:

“Ya se te ha puesto la cara de torta, de una semana no pasas”.

Sea como fuere, me he visto obligada a analizar en profundidad este tema. Y para poder proceder con el rigor científico que me caracteriza. He realizado un estudio sociológico a pie de calle. Vaya, que improvisé una serie de entrevistas a ‘expertos’, es decir, a todo el que se sentía atraído (cual polilla a una bombilla) por mi tripa, para obsequiarme, de forma tan altruista como ansiada, sus tan, tan, pero tan, necesarios consejos. Una sencilla y aleatoria encuesta que ha arrojado los siguientes resultados:

NOTA: Los datos obtenidos, que sorprendentemente coinciden en un altísimo porcentaje, con la previa compilación que realicé para su posterior contraste (algo así como un grupo de control, información muy valiosa que me servía como ‘fuente de conocimiento’ a la hora de tratar con los ‘expertos’), un trabajo de documentación exhaustivo por mi parte, como cabría esperar, procedente de fuentes anónimas de internet con nicks tan prometedores como ‘mamashitaa82’ (por supuesto, muy fiables también). Estos datos son un reflejo de la cultura popular, la sabiduría del “yo no tengo hijos pero mi cuñada…”

 

Resumen del estudio:

 

¿Cambios en la cara que anuncien el inminente alumbramiento?

– Sí, por ejemplo, se te pone cara de resaca o como de haber llorado.

– Se te caen los párpados superiores, y te salen bolsas en los inferiores, luces más ojeras y expresión de agotamiento.

– La cara se te queda como después de una mala noche. Entumecida, embotada… Incluso “cara de culo” (¡¡¡¡!!!!). ‘Hinchadota’, como abotargada. Vamos, con cara de pan o de torta de toda la vida de Dios, acompañada de una “fofiblandez general”.

– Es una cara desencajada, con mal color, amarillenta, colorada, amoratada e incluso con tono verdoso (¿¿¿???) -esto ya va cambiando según los gustos cromáticos del encuestado-. Eso sí, todos coinciden en “con mala cara en general y la mirada extraña” (lo que viene siendo con el feo bien subido, vaya).

– Que se te están poniendo los labios gordos y la nariz ‘anchota’. (Hago hincapié, por reiteración en las respuestas, que labios y nariz son claves para determinar la ‘expresión parturienta’ o ‘faz de pródomo’). Porque, a estas alturas, los tecnicismos ya son un habitual de cualquier conversación.

En esta línea se expresa nuestro ‘consejo de sabios’ o ‘comité de asesores faciales obstétricos’. Los más amables hablan de ‘carita redonda o de torta’. Los más asertivos de ‘caraza de hogaza’ (lo que queda claro que ninguno describe la dichosa cara, como algo bonito).

Miedo me da preguntar sobre la cara que se te queda después de parir.

Por descontado, esta fealdad recientemente adquirida, pero, eso sí, temporal, mucho más que las contracciones dolorosas y regulares, o rotura de la bolsa… Según la cultura popular (ains, la sabiduría de abuelas), es indicio de inminencia de alumbramiento, pero indicio ‘indicísimo’ irrefutable. Aunque ojo, no el único. Habrá que hablar en un futuro no muy lejano de ‘la bajada de tripa’. Los ‘andares de pato mareado’ o incluso la ‘voz de parto’. Sigo investigando.

Mientras tanto, la barriga creciente progresa adecuadamente.

Devolvemos la conexión.

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