TREBEJOS Y OTROS ‘PALABROS’ QUE ME HACEN PARECER LISTA

trebejos y palabros que me hacen parecer lista

Hoy os hablaré de los juguetes en terminología ‘supercultérrima’ (al menos para empezar). Os preguntaréis:

¿Por qué? Pues porque me ha dado por ahí.

Aclaro este punto, procedo a titular esta primera parte (atención redoble):

 

LA ENTROPÍA INELUCTABLE DE LOS TREBEJOS*

 

*Aclaración:

– Entropía: según la RAE: (segunda acepción): “medida del desorden de un sistema”.
– Ineluctable: sobre esto la RAE dice: Del lat. ineluctabĭlis. adj. “Dicho de una cosa: Contra la cual no puede lucharse”.
– Trebejos: Aquí nos indica como segunda acepción “Juguete u objeto con el que los niños juegan”.

 

Resumiendo: Ni un campo de minas es tan peligroso de recorrer, como el salón de mi casa

 

 

Ya aburrida de intentar adecentar este caos. Este marasmo de posesiones ‘multicolorines’ (que bien claro lo deja el señorito Pancibola: “mío, mío, mío…”) pues semejante orgía juguetil está abocada a la vorágine, vivimos rodeados de desorden, confusión y desconcierto.

¿El motivo? Una sutil mezcla de pereza, ‘hartazo’, flojera general… Y por supuesto la obscena cantidad de coches, camiones, pelotitas y tontunas varias que mi ‘Croqueto’ posee para sus desfogues lúdicos (tantos, que bien pareciera que se reproducen con el frenesí de una pareja de ratones hasta el culo de viagra).

 

Durante una época de enajenación maternal pretendí (pobre de mí) organizar sus juguetes

 

Podría decirse que disfruté agrupando y apilando los ‘chorrocientos’ millones de bloques en diferentes versiones y modelos, avecinando los libritos de cartón, tela, plástico… Intentando poner un poco de orden en su más que generosa flota de vehículos (por tamaños, colores, de emergencias, maquinaria de obra…).

Disfruté organizando el menaje de la cocinita, las pinturas ‘irrompilbles’ de cera (en sus mil y un trocito), las de madera (fuera de su alcance, porque me aterroriza que tropiece y se apuñale con una punta), los peluches, las pelotas…

Otro tema es ya la plastilina, que a su fascinación casi irresistible -fascinación, dicho sea de paso, que comparto- une su capacidad casi mágica para aparecer en cada rincón de la casa, de colarse tanto en las suelas de zapatos y zapatillas, como en rodilleras, coderas e incluso calcetines. Por no hablar de los cojines del sofá, alfombras, toallas… Y, vamos, lo que se tercie.

 

No me perturba este descontrol

 

Hombre, cuando piso un juguete especialmente cruel, se me apilan en la punta de la lengua las blasfemias -mientras aprieto los dientes-. De vez en cuando me encuentro algún coche en los cajones del armario (aparecen por ‘arte de birlibirloque’ juguetes y galletas, porque mi pequeña hormiguita esconde comida -por si se acerca el invierno o vienen tiempos duros-). Te los encuentras por el pasillo. ‘Requetebien’ colocados en el aparador (ahí, camuflados cual ninja entre ‘la decoración’) o escondidos detrás del bidé… El pasotismo es tal, queme da por sonreír y preguntar al cachivache “¿cómo has llegado hasta aquí, huyes de Pablo?”

Hasta ahí llega mi ‘majareréz’.

 

Hasta la próxima, el ‘vórtice juguetil’ y yo devolvemos la conexión.

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