SU PRIMER «TE QUIERO, MAMÁ»

Y CÓMO ESAS PEQUEÑAS COSAS HACEN QUE TODO MEREZCA LA PENA

 

Es viernes, dejé a mi ‘pancibola’ en el cole, limpié un poco la casa, pero no se me quita la ‘sonrisota’ de la cara.

 

Y es que resulta, que después del desayuno, mientras le sacaba de la bañera…

 

Mi niño me ha dicho:

 

Ha sido totalmente intencionado, mientras le envolvía en la toalla, me abrazó y dijo esas tres palabras mágicas que me tienen en una nube desde entonces. Así que se me ha ocurrido compartirlo con vosotros, si es que alguien me sigue leyendo, claro está.

 

«Te quiero, mamá»

 

primer te quiero mamá después del baño

Porque la maternidad es agotadora, lo reconozco, pero tiene muchas, qué digo muchas, muchísimas cosas buenas.

 

Paso a enumerar las que se me ocurren así, a voz de pronto:

 

No hay nada…

 

Pero nada de nada en el mundo, que suene igual que el primer (y supongo que cada uno de los siguientes) «te quiero, mamá» de tu hijo.

Nada hace que te dé un vuelco el corazón, se te aceleren las pulsaciones, nada que te forme ese nudo en el estómago, que haga que se te salten las lágrimas… Es magia. Esas primeras carcajadas, esas primeras cosquillas, esa primera sonrisa intencionada… Son una auténtica pasada, pero este «te quiero»…. Ay, con ese «te quiero, mamá» no hay parangón. Ni con los te quiero de tus padres, ni con los de tu chico… ¡Ni con nada!.

Es como si una fuerza tirara de ti hacia las estrellas y de pronto el universo se pusiese a bailar claqué más estupenda y coordinadamente que en un musical de Fred Astaire.

 

No hay nadie…

 

Pero nadie, nadie en tu vida, que pueda llegar a suponer un ‘justificante’ tan irrefutable para entregarse al hedonismo más absoluto, extasiarse ante la belleza del mundo y a la dicha de estar vivo. Me explico…

Ejemplo 1:

  • Opción 1:

Saltar, correr…

  •  Opción 2 y 200 siguientes:

Recoger la casa, planchar, ir al carrefour, limpiar la bañera, terminar esa puñetera estadística, vaciar la ‘bolsa mariquita’ de la ropa sucia (sí, esa dichosa bolsa que empieza a adquirir vida propia), regar la flor de pascua (‘pobrecica’ mía)

Si quien te pide saltar es tu hijo… Opción 1 siempre, esto es así..

Ejemplo 2:

  • Opción a:

     ‘Liarla parda (dramáticamente pardísima) en la cocina preparando una tarta para celebrar su cumple en el cole.

  • Opción resto del abecedario en lenguas latinas, cirílicas y griego antiguo:

Todo el marasmo de obligaciones ‘coñazo’ vinculadas a ser madre y curranta freelance…

¡¡Pero es para el cole!! A buscar recetas corriendo. (Y cuando digo tarta, incluyo bolsitas con algún detalle original para compañeros y profes).

 

 

No existe nadie…

 

Que te motive. Que logre que vuelvan las ganas de curiosear, de aprender, investigar -En resumen, de mejorar. Nadie más que tu hijo…

Memorizarás:

  • Desde los tipos de vehículos que existen, hasta las partes de un camión.
  • Desde los nombres de sus compañeros y amigos del parque, hasta los de sus personajes de dibujos favoritos.
  • De las costumbres de un caracol, a los nombres de cada uno de los pájaros autóctonos…

Nadie te hace querer crecer como lo hace un hijo

De nadie, y por nadie, se aprende tanto, como de un hijo.

 

 

Como tampoco nadie…

 

Va a reflejar de una manera tan cruda y con lupa de aumento cómo eres, lo cutre que puedes llegar a ser unas veces y lo fuerte que puedes llegar a ser otras.

Los hijos nos ponen cara a cara con nosotros mismos

Nada mejor para conocernos e intentar mejorar.

 

  • Nadie…

Te hará valorar tanto lo importante: la salud, la tranquilidad, dormir bien, los amigos, el sol en las tardes de parque.

 

  • Nada…

Va hacerte valorar tanto el tiempo. Porque pasa, casi siempre, ‘jodidamente’ deprisa.

 

Hasta la proxima, mi ya inalámbrico bebé y yo, devolvemos la conexión.

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Tiene que ser increible, a mi aun no me ha llegado, pero me lo puedo imaginar

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