¿Miedo al parto? 

 

ya no quiero parir miedo al parto

 YA NO QUIERO PARIR

Hola a todos, ya llegué a ese momento en el que tengo sentimientos encontrados respecto al parto. Por un lado ya estoy aburrida del embarazo y por otro me asusta la idea de ser madre (concepto que, al igual que mi barriga, va tomando forma y haciéndose más real).

El dolor de espalda, caderas y pelvis junto a la energía ilimitada de Pableras en su noveno mes de vida no es que contribuyan mucho a aumentar mi deseo por prolongar la gestación. Y más ahora que las exploraciones son el pan nuestro de cada día. Os voy a relatar mi último día en monitores, total, a estas alturas de la preñez, al ritmo que la panza crece el pudor mengua. Y es que a una servidora la conocen más por ‘los bajos’ que por la cara.

Ahí estaba yo, en la silla de exploración (bien ‘espatará’) ante la atenta mirada de una tocóloga, el auxiliar y dos residentes.

(Como ya viene siendo costumbre).

Entregada a unos tactos que me dejaron ‘las vergüenzas’ removidas, pero no agitadas. Primero tocaron sendos residentes (muy cuidadosos y delicados ellos, como con miedo de romperme la vagina). Después corroboró la doctora, que pensaría la jodía

“Yo si toco, toco con garbo”

(En una de estas me meterá la mano también el auxiliar o cualquiera que pase por ahí y le seduzca la idea de unirse a la fiesta).

 

Prosigo.

 

Cuando terminaron de comparar y discutir impresiones, la tocóloga, como que no quiere la cosa, me recomendó reposo. Jo, ¡otra vez! (ahora ante el riesgo de alumbramiento prematuro), para que así al pequeñajo le dé tiempo a pegar el último estirón intrauterino. Pero, ¿eso de retener al chiquillo ahí dentro cómo se hace?

Pues juntando su consejo profesional (reposo y tranquilidad) con cosas que he leído por ahí y otras que me han contado.

Si bien hay multitud de recomendaciones para adelantar el parto, encontré muy poquitas para retrasarlo. Así que en un arrebato de ingenio, se me ocurrió usar los mismos:

 

Consejos extrapolados a mi situación, es decir, a la inversa

yoga en el embarazo

 

 Consejo proparto número 1:

Como no, caminar, caminar mucho y a buen ritmo, que las gentes al verte pasar con el bombo y las prisas se ofrezcan a acercarte al hospital.

 

 Consejo proparto número 2:

Si has invertido tus nueve eurazos en la pelota gigante (esa que te enseñan a utilizar de mil y una forma en los diferentes cursos), úsala, no seas lerda, que no sé para cuándo la vas a reservar sino.

 

 Consejo proparto número 3:

Bailoteo movidito, meneando bien el caderamen. Se ve que a más contoneo, más ganas de salir de ahí le entran a nuestro vastaguillo.

 

 Consejo proparto número 4:

Escaleras para arriba, escaleras para abajo, y es que, por lo visto, lo de las escaleras es mejor que andar (aunque eso suponga que miles de médicos estén equivocados). Si tus movimientos limitados y dolores variados te lo permiten, a muerte con las escaleras. Llegados a este punto matizo, en teoría es mejor subir que bajar y a ser posible de dos en dos (esto ya sí que es devoción premamá).

A la hora de bajar, se recomienda hacerlo de lado y bien sujeta a la barandilla, por dos principales motivos, uno: que veas los escalones y dos: que no te venza el peso de la barriga y las bajes rodando (seguramente sea algo que también lo adelante, pero entraña sus riesgos, así que lo descartamos).

 

 Consejo proparto número 5:

Practicar el sexo, sexo a cualquier hora y en cualquier sitio y/o postura, follar como si no hubiera mañana (si es que aún tienes ganas con semejante panzón y toda dolorida).

Por lo que voy leyendo, el sexo es lo mejor, y no sólo porque relaje y te mejore el humor. Los orgasmos provocan contracciones e incluso el semen contiene prostaglandinas, eso mismo que te meten en la inducción al parto a modo de tampón.

 

 Consejo proparto número 6:

Tócate, tócate mucho, sobretodo los pezones, así estimularás la producción de oxitocina. Algo que, como el sexo, anima a tu cuerpo serrano a empezar el trabajo de parto, de hecho también te la ponen (en su versión sintética) para provocar contracciones.

Pero ojo, no es ‘me toqueteo el pezonerío cinco minutillos y ya’, qué va, se recomienda hacerlo entre 2 y 4 horas diarias. (Vamos, que o pares en pocos días, o se te caen los pezones).

 

 Consejo proparto número 7:

Si ves que todo lo anterior no está funcionando o simplemente pasas olímpicamente de intentarlo. Piloto automático y sí a todo, básicamente se trata de tranquilidad y relax.

Mejor reír a carcajadas que llorar o discutir. (No sé de qué genio viene esta puntualización, ni los años que habrá tenido que estudiar para llegar a semejante conclusión). Pero bueno, ahí lo dejo, por si a alguno no se le había ocurrido. La tensión, la ansiedad, el miedo, la preocupación… Están directamente relacionados con la producción de adrenalina y demás hormonas tocapelotas que bloquean tu ‘oxitocínico momento zen’. Hasta parar las contracciones y con ello posponer el trabajo de parto para un momento más propicio.

Y fruto de toda esta exhaustiva investigación extraje un:

 

Superconsejito antiparto personalizado:

 

  • Sumirme en la ‘quietéz’ más absoluta, andar lo justo y necesario, a ser posible despacio.
  • No tengo pelota, así que eso que me he ahorrado.
  • Nada de bailes ni escaleras.

Celibato total así como evitar el rozamiento de pezón (ya me visualizo echándome vaselina, cual runner).

El séptimo consejo me lo pasaré por el arco del triunfo, porque la verdad.

¿Qué necesidad tengo yo de andar pasando miedo, disgustos y estar todo el santo día neurótica perdida? Pues ninguna.

Hasta la próxima, la barriga creciente y yo devolvemos la conexión.

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